Un famoso humorista cordobés, tío de un tenor lírico de fama internacional, usa frecuentemente en sus relatos chistosos, la palabra chichí (y su plural castellanizado chichises) para referirse a una mujer joven y atrayente, o sea que está buenona, al decir de su léxico.
Esta palabra chichí tiene su origen en la lengua henia que usaban los comechingones, aborígenes que ocupaban las serranías cordobesas en la época que recibieron a los expedicionarios españoles al mando de Diego de Rojas. Su cronista, Diego Fernández, hacia 1543 hace una descripción de la fisonomía y costumbres de los comechingones.
Posiblemente la palabra comechingón resulte de la denominación camichingon que los sanavirones usaban para designar a ese grupo aborigen que ocupaban las sierras, cuyas viviendas semisubterráneas generó esa denominación que quería decir hombre o habitante de las cuevas.
En la época precolombina, los sanavirones ocupaban el centro de la actual provincia de Santiago del Estero, y se fueron desplazando hacia el sur hasta ocupar las cercanías de la laguna Mar Chiquita. Tuvieron contacto con los incas que llegaron hasta Santiago del Estero (donde todavía se habla el quichua = runa simi). Los sanavirones tomaron algunas mujeres cautivas que hablaban quichua, quienes llamaban chichí al pezón de mujer. Por simple sinécdoque (designar el todo por la parte) la palabra chichí pasó a nombrar a la mujer atractiva.
En henia quedó la palabra chi para nombrar al pezón.
Como vemos, las chichises de las que habla nuestro querido negro Álvarez, nos viene de los integrantes del Tahuantinsuyu (Imperio Inca), de donde lo tomaron, a través del habla de las cautivas, los sanavirones que se los transmitieron a los comechingones, y de allí al habla actual de los barrios marginales de Córdoba, de donde lo ha tomado el exitoso humorista.
Ahora me voy. M’está esperando una chichí qu’está buenona.
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